Hace unos años pasamos un verano fantástico en la Toscana. Mi hija mayor ya hacía dieta sin leche y sin huevo y llegamos con mucho miedo, pensando que sería imposible comer fuera del apartamento. No sólo comimos fuera, sino que descubrimos que en Italia nos llevaban una ventaja enorme en cuanto al etiquetado de alérgenos.